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Murió Plinio Apuleyo Mendoza: vida, libros y legado del escritor colombiano

Murió Plinio Apuleyo Mendoza y con él desaparece uno de los últimos testigos de una generación irrepetible: escritor, periodista y diplomático, amigo íntimo de Gabriel García Márquez y autor de una obra que recorre la novela, la memoria y el ensayo político.

Por Pedro Bonett · 28 JUL 2026 · 9 min de lectura

Foto: Plinio Apuleyo Mendoza, escritor, periodista y diplomático colombiano.

El legado de Plinio Apuleyo Mendoza permanecerá en sus novelas, en sus memorias, en sus columnas y en la mirada personal con la que narró un mundo que también desaparece con él.

Murió Plinio Apuleyo Mendoza y con él desaparece uno de los últimos testigos de una generación irrepetible. No solo porque conoció a escritores, presidentes, revolucionarios, pintores, periodistas y diplomáticos que marcaron el siglo XX, sino porque tuvo la rara capacidad de convertir esos encuentros en memoria escrita.

Fue amigo de mi padre, Pedro Bonett Locarno, y su nombre pertenece también a una parte cercana de mi memoria familiar. Sin embargo, hasta ahí llego sobre ese vínculo personal, porque hoy el protagonista es Plinio Apuleyo Mendoza: el escritor, periodista, diplomático y testigo privilegiado.

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Plinio Apuleyo Mendoza vivió lo suficiente para presenciar el nacimiento y el derrumbe de varias certezas políticas. Fue un joven cercano a la izquierda latinoamericana, conoció desde dentro el entusiasmo que despertó la Revolución cubana y terminó convertido en uno de sus críticos más severos.

También fue amigo íntimo de Gabriel García Márquez, compañero de viajes y estrecheces en Europa. Con el paso de los años, Plinio Apuleyo Mendoza tomó frente a García Márquez una distancia política profunda, pero esa ruptura ideológica nunca borró el afecto, la admiración literaria ni la memoria compartida.

Plinio Apuleyo Mendoza murió el 28 de julio de 2026 en Colombia, a los 94 años, después de una vida dedicada al periodismo, la literatura, la diplomacia y la discusión pública. Nacido en Tunja, Boyacá, estudió Ciencias Políticas en París y ejerció como escritor, diplomático, director de medios y columnista hasta una edad avanzada.

Quién fue Plinio Apuleyo Mendoza

Responder quién fue Plinio Apuleyo Mendoza exige mirar más allá de la lista de cargos, libros y reconocimientos. Fue, ante todo, un hombre situado en el centro de su tiempo.

Su padre, Plinio Mendoza Neira, fue abogado, dirigente liberal y amigo cercano de Jorge Eliécer Gaitán. Se encontraba junto al caudillo el 9 de abril de 1948, cuando Gaitán fue asesinado en el centro de Bogotá.

El joven Plinio Apuleyo Mendoza escuchó los disparos y temió que también hubieran matado a su padre. Aquel episodio no fue una anécdota distante. Lo conectó desde muy temprano con la violencia política colombiana y con una historia nacional que aparecería repetidamente en sus artículos, novelas y memorias.

Más tarde, Plinio Apuleyo Mendoza se trasladó a Europa. París no fue solamente el lugar de sus estudios, sino el escenario donde se cruzaron su formación política, sus primeras responsabilidades diplomáticas y su vocación literaria.

Se desempeñó como primer secretario de la Embajada de Colombia en Francia y colaboró con medios colombianos e internacionales. También fue embajador de Colombia y participó en importantes proyectos editoriales.

En 1982, Plinio Apuleyo Mendoza se convirtió en el primer director de la nueva etapa de la revista Semana. Aunque permaneció pocos meses en el cargo, ayudó a establecer el estilo editorial de investigación y análisis con el que la publicación buscaba diferenciarse.

Plinio Apuleyo Mendoza era un narrador incluso cuando escribía periodismo. Sus mejores textos no parecían construidos para demostrar cuánto sabía, sino para permitir que el lector entrara en una habitación, una conversación o una época.

Recordaba los gestos, los tonos de voz, las lealtades rotas y los detalles que otros consideraban secundarios. Allí residía buena parte del talento de Plinio Apuleyo Mendoza.

Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez

La amistad entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez ocupa un lugar central en la vida y en la obra de ambos.

Se conocieron siendo jóvenes y compartieron años de precariedad, viajes, discusiones políticas y proyectos literarios. Antes de que García Márquez se convirtiera en el autor de Cien años de soledad y recibiera el Premio Nobel de Literatura, Plinio Apuleyo Mendoza ya conocía sus obsesiones, su universo familiar y muchas de las experiencias que posteriormente alimentarían sus novelas.

Los dos también viajaron juntos por Europa del Este durante los años de su cercanía política e intelectual.

De esa relación nació El olor de la guayaba, publicado en 1982. El libro adopta la forma de una extensa conversación en la que Plinio Apuleyo Mendoza conduce a Gabriel García Márquez por su infancia, sus lecturas, su método de trabajo, la creación de Macondo, la política, la fama y los personajes que marcaron su vida.

Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez
Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez, en la Universidad de México.

Cuando alguien busca qué relación tuvo Plinio Apuleyo Mendoza con Gabriel García Márquez, la respuesta no cabe en la palabra "entrevistador". Plinio Apuleyo Mendoza fue amigo, interlocutor, compañero de viajes y testigo privilegiado.

Sabía qué preguntar porque conocía la historia que existía detrás de las respuestas.

El olor de la guayaba terminó convertido en una obra de referencia para comprender el mundo personal y literario de García Márquez. No es una biografía convencional ni una entrevista periodística ordinaria. Es el diálogo entre dos hombres que podían hablar desde una intimidad construida durante décadas.

Con el paso de los años, las diferencias políticas entre ambos se hicieron profundas. Plinio Apuleyo Mendoza se apartó de la izquierda revolucionaria y cuestionó con dureza al régimen cubano. García Márquez mantuvo su cercanía con Fidel Castro.

Pero incluso en medio de esa ruptura ideológica, Plinio Apuleyo Mendoza siguió escribiendo sobre su amigo de juventud con una mezcla de admiración, nostalgia y conocimiento personal.

En Aquellos tiempos con Gabo, publicado también bajo títulos como Gabo: cartas y recuerdos, Plinio Apuleyo Mendoza reconstruyó los años compartidos, las dificultades económicas, la formación del escritor y el camino que llevó a Gabriel García Márquez hasta la consagración mundial.

Los libros de Plinio Apuleyo Mendoza

Los libros de Plinio Apuleyo Mendoza recorren la novela, el cuento, la crónica, el ensayo político, el periodismo y las memorias.

Aunque el nombre de Plinio Apuleyo Mendoza quedó unido para siempre a Gabriel García Márquez, su producción literaria siguió un camino propio.

Entre los libros más destacados de Plinio Apuleyo Mendoza se encuentra Años de fuga, novela con la que obtuvo en 1979 el Premio Plaza y Janés. La obra retrata a una generación latinoamericana marcada por Europa, el exilio, el amor, la militancia política y la búsqueda de una identidad que siempre parecía encontrarse en otra parte.

Décadas después, Años de fuga fue reeditada y reivindicada como una de las piezas centrales de la narrativa de Plinio Apuleyo Mendoza.

También publicó El desertor, Cinco días en la isla y Entre dos aguas. En el terreno autobiográfico y memorialístico aparecieron libros como La llama y el hielo, Ráfagas de tiempo, Muchas cosas que contar, Retazos de una vida, El país de mi padre y Postales de una vida.

En esos textos, Plinio Apuleyo Mendoza regresaba con frecuencia a las personas y ciudades que habían moldeado su existencia.

París, Bogotá, Barranquilla, La Habana, Caracas, Roma y otros lugares de América Latina y Europa aparecían no como puntos de un mapa, sino como escenarios emocionales. Plinio Apuleyo Mendoza escribía sobre amigos muertos, amores, derrotas políticas, conversaciones perdidas y mundos que solo continuaban vivos porque todavía podía recordarlos.

Plinio Apuleyo Mendoza y el Manual del perfecto idiota latinoamericano

Otro de los libros más buscados de Plinio Apuleyo Mendoza es Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito junto con Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa y publicado en 1996.

El libro fue deliberadamente provocador. Plinio Apuleyo Mendoza, Montaner y Vargas Llosa cuestionaron las explicaciones políticas que atribuían todos los problemas de América Latina al imperialismo, al capitalismo o a fuerzas externas, mientras reducían la responsabilidad de sus gobiernos, dirigentes e instituciones.

Para sus lectores, el Manual del perfecto idiota latinoamericano fue una crítica lúcida a los dogmas de la izquierda continental. Para sus detractores, simplificó problemas históricos complejos y se convirtió en un instrumento de confrontación ideológica.

La controversia, lejos de debilitarlo, hizo que el título asociado a Plinio Apuleyo Mendoza circulara durante décadas y tuviera continuaciones como El regreso del idiota y Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano.

El Manual del perfecto idiota latinoamericano también simbolizó la transformación política de Plinio Apuleyo Mendoza.

Había conocido de cerca la ilusión revolucionaria, pero terminó convencido de que muchas de sus promesas habían desembocado en autoritarismo, pobreza y persecución. Plinio Apuleyo Mendoza no hablaba como quien observaba desde fuera una fe ajena: escribía desde el desencanto de quien alguna vez había creído.

Plinio Apuleyo Mendoza, periodista, diplomático y polemista

Plinio Apuleyo Mendoza ejerció el periodismo durante buena parte de su vida. Escribió perfiles, reportajes, crónicas de viaje, análisis políticos y columnas de opinión.

También participó en proyectos editoriales latinoamericanos y desarrolló una parte importante de su carrera en el servicio diplomático.

Plinio Apuleyo Mendoza nunca fue un columnista indiferente. Tomaba partido y lo hacía de frente. Sus posiciones despertaron adhesiones profundas y rechazos igualmente intensos.

En sus últimos años, Plinio Apuleyo Mendoza se identificó con una defensa abierta de la democracia liberal y con una oposición frontal al populismo, al autoritarismo y a los gobiernos inspirados en el modelo cubano.

Algunas de las opiniones de Plinio Apuleyo Mendoza fueron discutidas con dureza. Él tampoco buscaba evitarlo.

Pertenecía a una tradición periodística en la que la columna no era un ejercicio de neutralidad, sino una intervención personal en el debate público. La vehemencia formaba parte de su escritura y también de la imagen que construyó como intelectual.

Eso explica por qué la muerte de Plinio Apuleyo Mendoza no solo provoca homenajes. También reactiva discusiones sobre sus ideas, sus amistades políticas y la evolución de un hombre que pasó de la fascinación revolucionaria a convertirse en uno de los críticos más visibles de la izquierda latinoamericana.

La memoria de Plinio Apuleyo Mendoza

Durante la vejez, Plinio Apuleyo Mendoza escribió cada vez más sobre el pasado. No parecía hacerlo únicamente por nostalgia.

Sabía que había visto desaparecer a buena parte de las personas que componían su mundo y comprendía que sus recuerdos también pertenecían a la memoria cultural de Colombia.

En una conversación cercana a sus ochenta años, Plinio Apuleyo Mendoza afirmó que no temía tanto a la muerte como a la pérdida de la memoria.

La frase resulta especialmente reveladora en un escritor cuya obra final consistió, en buena medida, en rescatar escenas, rostros y conversaciones antes de que desaparecieran con él.

Plinio Apuleyo Mendoza sobrevivió a muchos de sus contemporáneos. Vio morir a Gabriel García Márquez, Carlos Alberto Montaner y Mario Vargas Llosa. Todavía en 2025 habló públicamente sobre este último y recordó las circunstancias en las que se habían conocido.

Ahora, la muerte de Plinio Apuleyo Mendoza cierra otra puerta sobre aquella generación.

El legado de Plinio Apuleyo Mendoza

El legado de Plinio Apuleyo Mendoza no puede reducirse a una sola obra, a su amistad con Gabriel García Márquez ni a una posición política.

Quedan las novelas de Plinio Apuleyo Mendoza, sus memorias, sus columnas, sus ensayos políticos y el testimonio privilegiado que dejó sobre García Márquez.

Queda también la trayectoria de un intelectual que cambió de ideas sin fingir que nunca había pensado de otra manera.

La escritura de Plinio Apuleyo Mendoza conservó algo que escasea en el periodismo apresurado: la sensación de que detrás de los acontecimientos siempre existen seres humanos, con ambiciones, contradicciones, afectos, lealtades y miedos.

Incluso cuando polemizaba, Plinio Apuleyo Mendoza escribía desde una vida vivida y no desde una consigna aprendida de memoria.

El legado jurídico de Plinio Apuleyo Mendoza: derechos de autor y propiedad intelectual

La muerte de Plinio Apuleyo Mendoza, autor de un catálogo literario y periodístico construido durante más de seis décadas, también produce consecuencias jurídicas en materia de derecho de autor.

Las novelas, memorias, columnas, entrevistas y ensayos de Plinio Apuleyo Mendoza no dejan de estar protegidos ni de generar derechos por la muerte de su autor. Los derechos patrimoniales pueden transmitirse a sus herederos o a quienes acrediten legítimamente su titularidad, conforme a la ley, los contratos celebrados y las reglas sucesorales aplicables.

Estos derechos comprenden, entre otras facultades, la autorización de nuevas ediciones, traducciones, adaptaciones, reproducciones, publicaciones digitales y demás formas de explotación económica de las obras de Plinio Apuleyo Mendoza.

La regla colombiana es concreta. El artículo 21 de la Ley 23 de 1982 protege los derechos patrimoniales durante la vida del autor y durante ochenta años después de su fallecimiento. Cuando se trata de una obra en colaboración, el término se cuenta desde la muerte del último coautor.

Esta última regla resulta especialmente importante para Manual del perfecto idiota latinoamericano, obra escrita por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa.

La muerte de Plinio Apuleyo Mendoza no permite considerar que esa obra haya ingresado al dominio público. Al tratarse de una creación conjunta, la explotación de nuevas ediciones, traducciones, adaptaciones o proyectos derivados debe considerar los derechos de los coautores y de sus respectivos causahabientes.

Los derechos morales también requieren un tratamiento diferenciado. La paternidad de Plinio Apuleyo Mendoza sobre sus obras debe continuar siendo reconocida y la integridad de sus textos no puede alterarse de forma que perjudique su mérito o reputación, conforme al régimen colombiano de derecho de autor.

El catálogo de Plinio Apuleyo Mendoza plantea además cuestiones particulares: libros escritos con otros autores, conversaciones publicadas con Gabriel García Márquez, memorias que involucran a terceros, columnas previamente cedidas a medios y contratos editoriales celebrados en distintos países.

La administración del legado de Plinio Apuleyo Mendoza exigirá identificar obra por obra quién conserva los derechos, cuáles contratos siguen vigentes, qué facultades fueron cedidas y qué autorizaciones se requieren para nuevas formas de publicación.

Por eso, el patrimonio intelectual de Plinio Apuleyo Mendoza no se agota en la conservación física de sus libros. También comprende la gestión jurídica de sus derechos patrimoniales, la defensa de su autoría y la preservación de la integridad de una obra extensa.

Murió Plinio Apuleyo Mendoza a los 94 años

Murió Plinio Apuleyo Mendoza a los 94 años. La noticia marca la desaparición de un escritor, periodista y diplomático colombiano, pero también la de uno de los últimos hombres capaces de contar el siglo XX latinoamericano como un recuerdo personal.

Plinio Apuleyo Mendoza no solo conoció la historia. Caminó dentro de ella, discutió con sus protagonistas y tuvo la disciplina de dejarla escrita antes de partir.

Sus libros permitirán que las conversaciones, los viajes, las disputas políticas y los personajes que conoció continúen circulando después de su muerte.

El legado de Plinio Apuleyo Mendoza permanecerá en sus novelas, en sus memorias, en sus columnas y en la mirada personal con la que narró un mundo que también desaparece con él.

Plinio no solo conoció la historia. Caminó dentro de ella, discutió con sus protagonistas y tuvo la disciplina de dejarla escrita antes de partir.

Fuentes principales: publicaciones y semblanzas de prensa colombiana e internacional, 28 de julio de 2026.

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