¿Qué está en juego?
No necesita identificar primero la acción jurídica ni el nombre técnico del conflicto. Partimos de lo ocurrido, los documentos disponibles y el resultado que necesita proteger.
No partimos de quién dice tener la razón. Partimos de lo que puede sostenerse.
Revisamos contratos, comunicaciones, pagos, antecedentes y demás evidencia relevante. Separamos lo pactado de lo ocurrido, identificamos fortalezas y vulnerabilidades y examinamos también la mejor posición disponible para la contraparte. Solo entonces definimos qué conviene reclamar y cómo hacerlo.
Contratos, comunicaciones y soportes disponibles.
Lo pactado frente a lo realmente ocurrido.
Pagos, antecedentes y demás elementos probatorios.
Cómo puede controvertirse nuestra posición.
Qué conviene reclamar y por qué vía.
Tener un derecho y poder hacerlo efectivo son problemas distintos.
Una estrategia civil debe considerar no solo la interpretación jurídica, sino la evidencia disponible, la posición de la contraparte, las medidas que realmente pueden solicitarse y la capacidad de obtener un resultado jurídicamente útil.
Proteger una posición también significa evitar decisiones que la debiliten.
Una comunicación mal planteada, un acuerdo precipitado, una omisión probatoria o una actuación inoportuna pueden modificar la posición desde la cual después tendrá que negociarse o litigarse. Por eso la estrategia empieza antes del primer escrito.
Preparamos el caso pensando también en la respuesta que recibirá.
Antes de reclamar, analizamos cómo puede controvertirse nuestra posición, qué documentos serán discutidos, qué hechos necesitarán prueba y qué riesgos podrían aparecer durante el proceso.
Una negociación es más fuerte cuando la alternativa al acuerdo también está preparada.
Cuando existe una solución negociada que protege adecuadamente sus intereses, la exploramos desde una posición jurídica definida. Si la controversia debe escalar, estructuramos la reclamación y el litigio para sostener la posición frente a la contraparte y ante la autoridad competente.
NEGOCIAR
Cuando un acuerdo jurídicamente estructurado protege mejor la posición y evita exposición innecesaria.
RECLAMAR
Cuando es necesario formalizar la pretensión, la evidencia y el fundamento jurídico frente a la contraparte.
LITIGAR
Cuando la controversia exige llevar la posición ante la autoridad competente y sostenerla procesalmente.
Cuéntenos qué está en juego.
No necesita determinar por su cuenta qué acción corresponde. Cuéntenos qué ocurrió, qué documentos existen y qué resultado necesita proteger. Revisaremos la situación, los riesgos y las alternativas jurídicas disponibles.
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